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8M: el sector de la ferretería y el bricolaje también se construye en femenino
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es una fecha para reconocer avances, pero también para reivindicar lo que todavía queda por hacer. En el mundo de la ferretería, el bricolaje y el suministro industrial, la presencia de la mujer no es una tendencia pasajera: es una realidad creciente y, sobre todo, imprescindible para la evolución del sector.
A día de hoy, conviene ser transparentes con los datos: cuesta encontrar una estadística pública “estándar” que publique con precisión el porcentaje de mujeres en puestos de responsabilidad específicamente en los subsectores ferretería/bricolaje/suministro industrial, tal como los entendemos comercialmente, para Cataluña, España y la Unión Europea. Lo que sí existe —y es lo más comparable— es una fotografía de la mujer en cargos directivos y gerenciales en el conjunto de la economía en general (comercio retail y gran consumo y gran superficie, donde encaja parte del negocio ferretero y el bricolaje).
Con ese marco, el “mapa” más sólido disponible muestra que en Cataluña las mujeres ocupan el 33,4% de los cargos directivos; en España, su presencia en cargos de dirección se sitúa en torno al 34,42% (directoras y gerentes) y 35,15% (alta dirección) según los indicadores ODS del INE (2024); y un estudio reciente nos trae datos similares en la Unión Europea: la mujer ocupa el 35,2% de las posiciones en management.
La clave no es solo la cifra, sino su lectura: el avance existe, pero no avanza al mismo ritmo en todos los entornos. Podemos ver progresos en estructuras formales (organigramas, políticas, acceso a puestos), mientras que en el día a día —en la tienda, el mostrador, el almacén o la obra— siguen apareciendo inercias y estereotipos que ralentizan la normalización real.
¿Qué nos dicen estos datos? Que el avance es real, pero aún insuficiente; y, sobre todo, que detrás de cada porcentaje hay trayectorias profesionales que no siempre han sido sencillas. Porque el reto no es únicamente “estar” en el sector: es progresar, ser escuchadas con la misma autoridad técnica, acceder a oportunidades en igualdad y ejercer liderazgo sin penalizaciones implícitas.
Y aquí aparece una realidad que el 8M nos invita a mirar de frente: los cambios culturales suelen ir por detrás de los cambios organizativos. Aunque veamos más mujeres en posiciones de responsabilidad, en las prácticas cotidianas a nivel de calle todavía pueden mantenerse bromas, comentarios, imitaciones o gestos heredados —a veces por inercia, otras “para hacer la risa”— que, en conjunto, minan la credibilidad profesional y obligan a muchas mujeres a demostrar más para ser reconocidas igual.
Romper estereotipos: del “no me toman en serio” al liderazgo visible
Durante años, muchas profesionales han tenido que convivir con una barrera invisible: la de los prejuicios. En un sector históricamente masculinizado, no era extraño que una mujer tuviera que demostrar de forma constante que sabía de herramientas, fijaciones, adhesivos, seguridad, herrajes o soluciones para uso industrial; o que su criterio técnico fuera cuestionado antes incluso de empezar la conversación.
Y aunque esta realidad está cambiando, lo hace de forma lenta y desigual. En algunos entornos la evolución es evidente; en otros, sobreviven inercias del pasado: desde el “déjeme hablar con su compañero” hasta la sorpresa explícita cuando una mujer lidera una decisión técnica. A veces se manifiesta en microconductas: chistes, coletillas, tonos condescendientes o “pruebas” innecesarias. No siempre se hace con mala fe; a veces es simple imitación de lo aprendido. Pero el efecto se parece demasiado: dificulta la normalización.
Este 8M también nos sirve para señalar algo con claridad: los estereotipos limitan a las personas y frenan al sector. Cuando el talento se pierde por falta de oportunidades, respeto o referentes, el conjunto de la industria se vuelve menos competitiva.
El cambio existe y se ve: cada vez hay más mujeres ocupando puestos de responsabilidad en tiendas, en cadenas, en fabricantes y en organizaciones sectoriales. Pero el desafío ya no es solo “llegar”, sino consolidar: que el reconocimiento sea automático, que el liderazgo femenino no se perciba como excepción y que el día a día —la conversación en el mostrador, la coordinación del equipo o la relación con proveedores— no reproduzca inercias. En otras palabras: pasar del avance estadístico a la normalización real.
Más diversidad, mejor servicio: el cliente ha cambiado (y el mostrador también)
La ferretería contemporánea no se define solo por el producto que vende, sino por cómo lo recomienda y cómo acompaña al cliente. El mercado ha cambiado: hoy el cliente compara, consulta, busca soluciones claras y valora la experiencia completa (desde el lineal hasta la instalación). En ese contexto, el mostrador se convierte en un espacio de asesoramiento experto, y el equipo —diverso y bien formado— marca la diferencia.
Sumar más mujeres al sector no va de “cubrir cuotas”: va de mejorar la propuesta de valor. La diversidad de perfiles aporta nuevas perspectivas para entender necesidades reales: desde quien busca una solución rápida para el hogar hasta quien necesita una respuesta técnica precisa para un entorno profesional. Equipos más diversos suelen ser equipos que escuchan mejor, comunican mejor y resuelven mejor, y eso se traduce en fidelidad y crecimiento.
Red, comunidad y referentes: cuando se comparte, el cambio se acelera
En los últimos años han surgido iniciativas y encuentros que ayudan a visibilizar a las mujeres del sector, crear conexiones y reforzar el sentimiento de pertenencia. Espacios de networking y comunidad que sirven para algo muy concreto: intercambiar experiencias, compartir aprendizajes y generar referentes cercanos.
Esto es especialmente importante en sectores donde muchas profesionales han trabajado, durante tiempo, en entornos donde eran minoría. Cuando existe red, existe soporte. Y cuando existe soporte, el talento se retiene, se potencia y se proyecta. No se trata solo de “estar”, sino de poder crecer, liderar y ser reconocida.
Pasar del mensaje a la acción: claves para una normalización de verdad
Reivindicar el 8M desde una mirada sectorial implica ir más allá del gesto. Algunas acciones que pueden tener impacto real en ferretería, bricolaje y suministro industrial:
Visibilidad de referentes reales
Dar espacio a responsables de tienda, técnicas, especialistas de producto, profesionales de almacén, responsables de operaciones, directivas y perfiles comerciales. La representación importa: si puede demostrarse la valía de un perfil, por qué no animarnos a hacerlo?
Formación técnica continua
El conocimiento es amigo de la igualdad. La especialización en familias de producto, normativa, instalación, seguridad o herramientas refuerza el compormiso profesional y abre opciones de carrera.
Entornos de respeto y tolerancia cero
Evitar dinámicas que cuestionen o minimicen la competencia de una mujer por el simple hecho de serlo. La igualdad también se construye en lo cotidiano: en el trato, en los turnos, en las oportunidades, en cómo escuchamos a nuestras compañeras y compañeros de trabajo.
Conciliación y organización realista
Retener talento implica facilitar trayectorias sostenibles. Políticas coherentes y flexibilidad cuando sea posible ayudan a construir equipos estables y comprometidos.
Comunidad y mentoría
Conectar perfiles junior con perfiles con experiencia acelera el aprendizaje y reduce la sensación de aislamiento. La mentoría no es solo “acompañamiento”: es transferencia de conocimiento.
El compromiso de Inofix: hacer visible el valor (también el de las personas)
En Inofix creemos que la transformación del sector se logra con innovación, sí, pero también con cultura de equipo y visión transversal. Apostar por la mejora continua en marketing, ventas y operaciones significa escuchar más al mercado, coordinar mejor internamente y construir una experiencia más coherente para clientes y distribuidores.
En esa evolución, el talento femenino es una pieza clave. No por simbología, sino por realidad: porque cada mujer que lidera, que asesora, que diseña procesos, que organiza el almacén, que impulsa la comunicación, que negocia categorías o que mejora la logística, está elevando el estándar del sector.
Este 8M queremos reconocer el trabajo de todas las mujeres que hacen posible la ferretería y el bricolaje de hoy. Y, al mismo tiempo, reafirmar una idea sencilla: un sector más igualitario es un sector más moderno, más competitivo y más preparado para el futuro.
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